domingo, 16 de diciembre de 2012

El pueblo paga pero no manda


Los invitados de palo

“Entre un gobierno que lo hace mal
 y un pueblo que lo consiente,
 hay cierta complicidad vergonzosa”
Víctor Hugo
Estamos por concluir un año, un año donde la violencia se ha enseñoreado del país,  una violencia que también ha enlutado los hogares de muchos de nuestros vecinos en este municipio fronterizo. La violencia y la impunidad. La violencia y la impotencia, la violencia y el miedo  son tan cotidianos que ya no sentimos miedo ni nos horroriza escuchar detonaciones.

A la población solo le queda la esperanza de que el año que entra sea mejor porque con el año vendrá el cambio de gobierno municipal y quizás en esta ocasión los habitantes de esta frontera puedan confiar en que existirá in liderazgo, si ya no moral, por lo menos que sea político y muestre capacidad para informar a la comunidad sobre las medidas que se toman ante cada contingencia, ante cada oleada de violencia que cancela la vida cotidiana.

Solo escuchamos en el informe cifras y números que opacan la realidad: la administración no electa prefirió honrar al Mayor fallecido de Eagle Pass con un mexicanísimo Altar de Muertos  que a los trabajadores de SIMAS que murieron desempeñando su trabajo, trabajadores que además fueron sus compañeros de trabajo cuando también le tocó administrar esa dependencia; además avaló el pago de un patinadero de hielo y el consecuente recibo de energía eléctrica cuando la deuda del municipio sigue aumentando.
Videos y música han sido usados para acallar los reclamos por una deuda  que ha servido para pagar bodas y banquetes de los invitados VIP al tercer informe y no se ha  invertido  en campañas para contratar personal capacitado y profesional que brinden seguridad a todos los vecinos del municipio que vivimos a merced de rateros.

Fotografías panorámicas muestran el maquillaje de una ciudad donde el medio ambiente se ha reducido al cobro de un impuesto, el  “Revisado Ecológico”, y eternas campañas de recolección de llantas usadas y se ha permitido la construcción de casas para los trabajadores donde lo que queda prohibido es que se cuenten con áreas verdes suficientes  que dignifiquen la calidad de vida o la proliferación de basureros en banquetas y calles o terrenos baldíos.
Quizás el año que viene no sea tan nefasto por terminar en 13 y los numerologos nos hagan el favor de guardarse sus negros vaticinios y nos dejen creer que los ciudadanos tenemos la capacidad de dirigir el municipio.
 Queremos soñar que el PRI dejará de pagarse sus cotos de poder  y volteara los rostros  hacia la población abandonando el peso muerto de  sus satélites. Que el PAN dejara su eterno canibalismo  y que el resto de los partidos que ni siquiera han logrado mantener su registro en el Estado dejarán de ser una carga al erario público para que ese dinero sea destinado a preparar y profesionalizar  a todos los elementos de Seguridad Publica.

Quizás el año que viene no podamos ver erradicada la violencia pero quizás exista una oportunidad para la justicia y se haga justicia para las mujeres que han sido asesinadas en esta ciudad y que por no tener el apellido Moreira aún no han podido recibir una justa sepultura. A lo mejor, los ciudadanos  tomemos conciencia de nuestra fuerza y podamos lograr  que las autoridades hagan su trabajo y retornen a sus hogares l@s desparaecid@s de nuestro pueblo.
Profra. Josefina Sanchez Ponce

martes, 11 de diciembre de 2012


Gocemos el instante sagrado.

Cuenta una leyenda nórdica que un espíritu procedente de la lejana galaxia del universo, vino a la Tierra y se instaló en el hemisferio norte, para repartir aquello de lo que no puede prescindir el ser humano: paz, amor, armonía y alegría.

Nuestros antepasados sabían que algo especial pasaba en el planeta el día más corto del año, lo que quiere decir es, que en todas las épocas se reconoce que desde el  21 de diciembre  una energía especial envuelve a la madre Tierra.

Se cree que en la mayor oscuridad de las noches largas del solsticio de invierno, es cuando recibimos el espíritu de la Navidad, una luz luminosa que despierta en nosotros sentimientos de amor y paz. Muchos maestros han nacido en estos días, pero uno en especial, ha marcado nuestra vida con su ejemplo de amor ilimitado, su pureza de intención, sus grandes lecciones de justicia, de amor y perdón, y ese es Jesús, el Hijo del Padre, que llegó en los precisos momentos de mayor oscuridad.

Esta bendita energía nos ayuda a perdonar y a olvidar desavenencias, despierta el entusiasmo en todo lo que hacemos; razón por la que recibimos y damos regalos que expresan amor y solidaridad hacia nuestros hermanos. Desafortunadamente el consumismo actual, ha logrado rebajar este maravilloso regalo divino al nivel humano, al grado de que mucha gente se olvida de recibir esta gran luz de energía, que cada año nos visita.

Comencemos hoy con una limpia de casa y de corazón. Botemos todas las cosas viejas y dañadas, los odios y rencores, el pesimismo y la confusión, para que podamos recibir el amor que viene del cielo y que generará en nosotros nuevas y mejores experiencias. Es importante comprender que este es un instante sagrado, Dios nos está dando una energía de esencia sagrada, una luz de vida a nuestra alma y corazón.

La palabra Navidad habla de una noche bendita, de un tiempo de dulce espera y una grata ilusión. Navidad es la esperanza que viene a traernos pensamientos positivos, deseos hermosos; es el ensueño de cambios profundos. Cerramos el ciclo del año presente y abrimos en armonía el ciclo del año que inicia.

Meditemos y pidamos paz para nuestro planeta, nuestro país y nuestra comunidad, pidamos por que los gobernantes sean honestos, por los niños pobres y desamparados, por las familias desunidas, por los enfermos y por los ancianos desvalidos. Después pidamos por nosotros mismos para que logremos el cambio que necesitamos.

Saquemos de nuestro hogar la violencia, las discusiones, peleas, gritos, malas palabras, insultos, toda la energía negativa que impide la entrada del espíritu de la Navidad. Borremos de nuestra vida los malos recuerdos, tengamos presente los momentos bellos.

 “Ordenemos nuestra forma de vivir, pues solo en el orden tendremos tiempo para Dios”.

 Antonieta B. de De Hoyos                   Diciembre 12/12.

 

¿Qué es la felicidad?

Creo que al igual que todos, esta es una pregunta que casi a diario me hago. No importa la época de la vida que se esté viviendo, siempre estamos a la expectativa deseando con toda el alma que el día y la noche, solo nos traigan momentos agradables.

Le tememos a la tristeza, a la decepción, a la frustración, a no recibir lo que deseamos y a no ser como quisiéramos o como quisieran los demás. Hoy en plena madurez, en la maravillosa etapa del adulto mayor, he llegado a la conclusión de que la felicidad se vive en cualquier edad; basta con admitir con agrado lo que nos depara la vida, con luchar con firmeza para modificar aquellas cosas factibles de cambio, pero sobre todo, cuando consentimos y superamos con dignidad las situaciones imposibles de evitar. 

¿Pero por que se originó en mí, tan inesperada reflexión? 

Pues verán, una de estas noches, cuando me disponía a rezar mis oraciones, me vi en la necesidad de cruzar mi antebrazo derecho muy cerca de mi cara, para alcanzar mi rosario. Fue en ese instante cuando mi mirada quedó fija en la piel de mi brazo. ¿Cuando sucedió?  ¿En qué momento mi epidermis inició su transformación? De inmediato me dirigí al espejo con aumento que tengo en mi tocador, mismo que uso para delinear mis cejas y mis labios.

¡Otra gran sorpresa! en mi rostro también se percibían diminutas alteraciones. Fijé bien la vista, pestañeé varias veces para mirar con claridad esas finísimas líneas de expresión, que la mayoría conocemos como “arruguitas”. Dada la fuerte impresión recibida, por unos instantes mi mente quedó en blanco. Pasado el susto me ubiqué en el tiempo. Las ideas empezaron a surgir. Como en una película visualicé mi vida. Recordé que hoy pertenecía al rango de los mayores, que era abuela de siete preciosos críos, que la ancianidad estaba cerca y si Dios lo permitía gozaría también de la senilidad. 

Lo primero que embargó a mi corazón fue la tristeza, la nostalgia por el pasado y la incertidumbre por el futuro. Seguramente porque en ese estado de angustia y ansiedad me encomendé a Dios, llegó a mí como una luz luminosa mi agradecimiento hacia Él  por el tiempo transcurrido. Fue en esa milésima de segundo, que intuí su infinita bondad al haberme permitido vivir todos estos años, de la mejor manera.  

Abrí de nuevo mis ojos y acepté con alegría, la imagen que el espejo hoy me obsequiaba. Sin enojos reconocí que lo esperado, iba llegando con delicadeza. La manera decorosa como sobrellevara el porvenir, dependería únicamente de mí. Observé mi cabello entrecano, la delgadez de mi figura y, ¡me gusté!.

Hice un recuento de mis momentos buenos y me fijé que los he disfrutado al máximo, que fui infeliz cuando me negué a aceptar la realidad, la contrariedad, la desilusión; experiencias todas indispensables para crecer como persona y para allanar el largo camino hacia la eternidad.

Antonieta B. de De Hoyos                    Nov. 21/12.

El éxito de los hijos hoy, lo forjamos los padres.

La infancia marca la vida de los niños, por eso existe un pensamiento que dice “Dame un niño hasta los siete años y después has con él lo que quieras”, razón por la que los padres, no deben desperdiciar ni un solo minuto de ese espacio educativo. Décadas atrás cuando la revolución tecnológica y científica se globalizó, se instó a los jóvenes para que obtuvieran lo máximo de conocimientos, llegando al grado de que los mejores puestos en las empresas, los ocupaban  los que poseían un título universitario, una licenciatura, un doctorado, o  cientos de diplomados.

Es al principio de milenio, cuando queda de manifiesto que muchos de los egresados de prestigiosas universidades no sabían comportarse, no poseían ética personal, ni principios religiosos, eran unos patanes de lujo.

Fue esta problemática laboral la que provocó el cambio, los empleadores o seleccionadores de obreros y funcionarios, detuvieron el paso y formularon un nuevo perfil psicológico basado en: conocimientos, aptitudes (talentos, dones) y actitudes (modo de ser). A partir de entonces en los empleos donde se requería especialización se insistió en los conocimientos, pero sin olvidar la importancia del talento y del comportamiento. Por el contrario cuando la  destreza y los valores familiares eran prioridad, el trabajador recibe de la empresa su capacitación de forma gratuita.   

En la actualidad, la educación recibida durante la infancia y la adolescencia han cobrado fuerza. Los encargados de reclutar personal, escudriñan en el solicitante su capacidad para realizar varias tareas a la vez, su esfuerzo y dedicación, su espíritu de superación y servicio a sus semejantes, su confianza en sí mismo, la toma de decisiones, la apertura al cambio, el control emocional, la firmeza de carácter y su tenacidad. En esa nueva escala agregaron: apariencia, vestimenta adecuada, pulcritud, buena salud, (nada de vicios), buenos modales, serenidad en la adversidad; con mayor énfasis su capacidad para expresarse con claridad, con un  lenguaje correcto.

Resultaron indispensables también: la aspiración de superación, de aprender y de perfeccionarse. La responsabilidad, el compromiso y seriedad, el respeto a sí mismo y a los demás, creatividad, toma de decisiones, su manera de enfrentar retos, ética personal. El perfil del trabajador moderno exige: empatía, autocritica, elevada autoestima, equilibrio emocional, honestidad, honradez, lealtad, confiabilidad; ser emprendedor, perseverante, puntual e intuitivo, saber actuar bajo presión laboral, actitudes  que no se aprenden en los libros, sino en el hogar.

Las destrezas y la personalidad, la forma de ser y el comportamiento, están siendo revalorados. La ética y los principios fundamentales de los seres humanos, están grabados desde su infancia en su yo interno, en su corazón y en su mente y es difícil por no decir que imposible, borrarlos.

En resumen. Es verdad que vale más el que sabe más, pero en la actualidad para conservar un empleo, la buena conducta y la integridad valen mucho más. 

Antonieta B. de De Hoyos                  Nov. 14/ 12.

Nosotros podemos, si nos dicen cómo.

Sé que no es correcto hacer comparaciones, pero hay ocasiones en que estas resultan ilustrativas y formativas, sobre todo cuando las vemos por el lado amable. Afirmo lo anterior porque después de  pasar casi dos semanas de vacaciones en el Condado de Orange en el sur de California U.S.A. de manera específica, en Tustin Ranch Rd. donde radica mi hijo con su familia, no pude dejar de hacer la comparación entre el estilo de vida en los países del primer mundo y la de los que están en vías de desarrollo, como el nuestro.

La tecnología y la ciencia, pero sobre todo la educación de las masas en lo que respecta a las relaciones humanas y de convivencia en aquellas tierras, es una prioridad. Las avenidas y sus amplias carreteras, cumplen todos los requisitos de señalamiento y ubicación para el automovilista, por eso, cuando un agente de la policía aplica una infracción, es porque se incumplió una norma que debió haber aprendido el conductor al momento de aprobar su examen para obtener la licencia, ¿qué les parece una multa de cuatrocientos dólares, por dar vuelta donde no se permite?

Todo este  condado es bello, no hay un espacio donde no haya árboles, palmeras, verdes arbustos y césped, vegetación  que se mantiene gracias a un sistema de riego municipal automatizado y un vasto personal de jardineros que siembran y conservan. Sus calles y avenidas poseen un magnifico alumbrado, además las zonas residenciales tienen un servicio de recolección de basura que recoge una sola vez por semana, en tres diferentes horarios y camiones los tres contenedores, (basura orgánica, inorgánica y reciclable), en forma automática.

También tiene varios parques recreativos con juegos infantiles y asadores de carne para el uso de los adultos. Todos están en perfectas condiciones y completamente limpios. Jamás se escucha un chirriar de llantas o toque de claxon, no pasan camiones de carga, no hay autobuses urbanos, solo el escolar, de la única escuela primaria y secundaria que existe. La vida ahí es tranquila, los vecinos se acuestan temprano porque se levantan muy temprano, algunos salen de su casa a las cuatro de la mañana para llegar a tiempo a su trabajo. En esa zona los impuestos que se pagan son elevados, pero la calidad de vida también.

De regreso me tocó volar sobre San Antonio Texas de día, y pude ver lo hermosa que es y la enorme cantidad de arboles que tiene dentro y fuera de las casas, las avenidas resaltan de entre tanta vegetación; creo que esa es la principal razón por la que llueve tanto en esos lugares, en Tustin también. Pero qué tristeza me dio, que al llegar me entero de que  en nuestra ciudad se siguen cortando arboles a destajo ante la total indiferencia de los encargados de medio ambiente. Estoy segura de que si nuestras autoridades se propusieran y nos enseñaran a vivir mejor, todos estaríamos de acuerdo en colaborar haciendo un mayor esfuerzo.

Pero, ¿con cuál novedad  me encontré? … una pista de hielo y una villita de navidad.

  Antonieta B. de De Hoyos                                             Dic. 5/12

domingo, 11 de noviembre de 2012


Homenaje a una ama de casa ejemplar.

Carolina Minerva Castillo Mireles, nació en Saltillo Coahuila  el 18 de agosto de 1918, en el seno de una familia de la clase media, hija menor del matrimonio formado por Doña Agripina Mireles Treviño y Don Ramón Castillo. Huérfana de padre a muy temprana edad, admiró el esfuerzo con que su madre convirtió a sus tres hijos en profesionistas al inscribirlos en la Benemérita  Escuela Normal del  Estado.

Ahí conoció a Eduardo Luis Barrientos Lucio, se relacionaron,  se enamoraron y se casaron. Pronto cambiaron su residencia a la ciudad de Piedras Negras, lugar donde su esposo adquirió una Patente de Agente Aduanal. Procrearon cuatro hijos, Teodoro Ariel, Eduardo Luis, María Antonieta y María Carolina, completaba la felicidad de la familia la “Nany”,  mujer hacendosa que hasta el final de sus días fue el brazo derecho de mamá.

En el hogar se multiplicaba, pintaba paredes, resanaba muebles, reparaba todo, su ánimo jamás decayó. Renuncia a la docencia para ocuparse de la casa y reanuda su labor magisterial cuando los hijos salen de la ciudad a continuar sus estudios.

Además de los quehaceres hogareños, hacía hermosas manualidades, cocinaba exquisito y era una excelente repostera, de carácter muy alegre, cantaba, bailaba, escribía  versos y  recitaba  los que recordaba.

Aunque no asistía con frecuencia a misa tenía su santo de devoción, San Juditas Tadeo, al que le encendía una veladora en los momentos difíciles. Pocas veces la vimos triste, quizás porque no quería mortificarnos. Como administradora era muy buena, el dinero siempre le alcanzaba y hasta se daba el lujo de ahorrar. Tuvo pocas pero muy queridas amistades.

Los años la embellecieron, su mirada limpia, sus manos cálidas, sus palabras dulces y sus sabios consejos, lograron que nosotros saliéramos adelante. Amó intensamente a su familia y lo demostró con hechos, pues por encima de las calamidades permanecía erguida. Vivió las altas y bajas de la economía con una fe y una esperanza ilimitada en la voluntad de Dios. Remendó ropa y remendó corazones de adolescentes y jóvenes, fue el indispensable paño de lágrimas de sus hijos.

Maestra por convicción, su inmenso deseo de servir emergía de su  corazón. Para ella el orden, la disciplina, la responsabilidad, la puntualidad, el respeto, la honradez, eran virtudes que no podían faltar ni en el aula ni en la casa. Siempre repetía que nada es para siempre, que lo bueno y lo malo pasa, que debíamos aprender a disfrutarlos y afrontarlos.

Estuvo con nosotros en todo momento, hasta en su vejez, pues aun y cuando en los últimos años tuvo problemas con su memoria, ella seguía diciéndonos que nos amaba con su mirada, su sonrisa y sus caricias. Nos enseñó a vencer obstáculos y a levantarnos de las caídas, a perdonar, a no odiar, pero sobre todo a servir a los demás.

Falleció en Saltillo el 22 de junio de 2002, rodeada de sus hijos y nietos que viven allá, había cumplido 84 años, mismos que vivió con dignidad y sobriedad.

Mamá fue un ama de casa  en toda la  extensión de la palabra, siempre estuvo presente y se esmeró porque todo en su hogar marchara como Dios manda. Su ejemplo ha sido y es, la luz que nos guía.

Antonieta B. de De Hoyos                                     Nov. 7/ 2012

viernes, 2 de noviembre de 2012


El enorme poder de la naturaleza.

Cuando los noticieros locales e internacionales anunciaron la llegada  del Huracán “Sandy” a las costas del noreste de Estados Unidos, se avisó a la ciudadanía sobre la manera de contrarrestarla, pero el pánico cundió cuando se le declaró mundialmente la “Tormenta perfecta” que provocaría la mayor destrucción terrestre en los últimos cien años.

Un aproximado de ochenta millones de personas de diferentes condados y estados circunvecinos, debieron movilizarse ante la advertencia; aunque de acuerdo a lo notificado, más de la mitad hicieron caso omiso y se quedaron en casa o departamento. 

Viendo a través de la televisión las imágenes del radar, pude constatar lo impresionante de su tamaño, las nubes cargadas de lluvia, los vientos que le acompañaban, las marejadas que se levantaron; de inmediato me puse a rezar por ellos y por nosotros, para que nunca nos viéramos en una situación igual.

Estuve al pendiente, no por morbosa curiosidad, sino por empatía, realmente me sentía identificada con ellos. Al día siguiente cuando comenzó el recuento de los daños, cuando se mostraron las calles inundadas, los ríos desbordados, los miles de árboles arrancados de cuajo, las innumerables casas incendiadas o demolidas, la carencia de electricidad y agua potable. Cuando se presentó la problemática de los médicos en los hospitales, con sus enfermos: adultos, ancianos, niños y bebés recién nacidos, cuando la policía y los bomberos se esforzaban por controlar las crisis nerviosas de las personas varadas dentro de sus departamentos; podía percibirse el instinto de conservación en grado superlativo y el miedo paralizante dentro de cada  corazón.

Estoy segura de que en esos instantes millones de plegarias se elevaron al cielo, y que Dios en su infinita misericordia les envió la calma y la iluminación necesaria, para que hicieran lo pertinente. Esta vez la naturaleza mostró su fuerza, respondió con todo rigor a las agresiones que desde hace más de cinco décadas, el hombre le ha venido propinado. El cambio climático lo provocamos todos y  ésta,  es una de sus múltiples manifestaciones.

Mientras miraba los noticieros, recordé una película que vi en mi adolescencia y que por su dramatismo, jamás he podido olvidar. Se filmó en 1959, probablemente yo la vi tres o cuatro años después. Se hizo en Nueva York, con su estatua de la Libertad, y su preciosa isla de Manhattan; tres personas dos hombres y una mujer la protagonizaron, llegaron en un yate a sus costas y se encontraron con una ciudad vacía, los habitantes habían huido por la contaminación nuclear. Me impactó ver los majestuosos rascacielos y las enormes avenidas completamente desiertas, el ambiente era grisáceo con olor a muerte. 

Con gran dolor tuve que reconocer, que por más poderosa que se considere una persona, una ciudad, un país, ¡el mundo entero!, siempre sucumbiremos ante los embates de la naturaleza. Lo que podemos hacer es luchar por recuperarla y evitar hasta lo imposible, el seguir dañándola.

Antonieta B. de De Hoyos                           Octubre 31/13